Cáncer de riñón, síntomas,
causas y tratamiento

El cáncer de riñón es una enfermedad relativamente prevalente, suponiendo entorno al 3% de los tumores malignos del adulto. El adenocarcinoma renal es el tipo mayoritario (80-85%), y afecta en mayor medida a los hombres, con pico de incidencia entre los 40 y 60 años.

Estos datos, sumados a la potencial mortalidad del cáncer renal, explican la elevada importancia de esta enfermedad en el campo de la nefrología.

¿Qué es el cáncer de riñón?

Se trata de una patología renal basada en la proliferación incontrolada de sus células, con carácter maligno y poder de invasión de tejidos adyacentes. Las características que confieren a una célula del organismo como maligna son principalmente: el poder para crecer y dividirse de forma rápida y descontrolada (esquivando los mecanismos antiproliferativos propios de una célula sana), la capacidad de destruir e invadir tejidos contiguos, y finalmente el potencial de diseminarse a través de sangre, linfa o distintos fluidos corporales hacia otras localizaciones del organismo (produciendo metástasis).

Todas estas características necesarias para que una célula sana se convierta en maligna se van obteniendo progresivamente mediante la consecución lenta y silente de mutaciones en los genes que controlan la proliferación celular. Es decir, la célula originalmente sana irá adquiriendo, una a una, determinadas mutaciones hasta convertirse en una célula con poder malignizante. Este proceso depende en gran parte del azar, pero, como veremos después, existe una fuerte influencia de la predisposición genética y la exposición a factores de riesgo.

El proceso explicado corresponde a la base fisiopatológica de casi todos los tipos de cáncer. Concretamente, en el adenocarcinoma renal o tumor de Grawitz dicha proliferación comienza en las células epiteliales de la corteza renal, y seguirá progresando hacia otras estructuras si no se hace un diagnóstico y tratamiento precoz.

Síntomas del
cáncer de riñón

Los riñones están cubiertos por una cápsula, se localizan en un espacio anatómico denominado “retroperitoneo”, y además están rodeados por una gruesa capa de grasa. Esto hace que se encuentren un tanto “aislados” anatómicamente, lo que puede suponer un problema en el desarrollo de tumores. Se debe a que las masas pueden crecer en este espacio de forma silenciosa, es decir, dando poca sintomatología a nivel local. Es por ello que el diagnóstico de tumores en esta localización a veces se produce de forma accidental. Por ellos, será importante prestar atención a los síntomas sistémicos (síndrome paraneoplásico). En muchos de los casos encontraremos:

  • Presencia de masa palpable: de consistencia dura .
  • Hematuria: suele ser un síntoma tardío. Además, es característicamente “hematuria microscópica” (insertar enlace “sangre en la orina”), por lo que será más difícil de diagnosticar.
  • Dolor en costado: es poco frecuente.

Síndrome paraneoplásico: manifestaciones sistémicas causadas por un crecimiento tumoral, que en este caso pueden estar causadas por la alteración de la función neuroendocrina del riñón. Son las que darán la pista al médico para sospechar de cáncer, por lo que nunca pueden pasarse por alto en la clínica. Algunos de estos síntomas son: hipertensión arterial, febrícula en ausencia de infección, pérdida de peso, neuropatía periférica transitoria, anemia, hepatopatía no metastásica…

Causas del
cáncer de riñón

Como hemos comentado anteriormente, la etiología de esta enfermedad depende en mayor medida del azar. Sin embargo, existen ciertas situaciones que incrementan el riesgo de contraer esta enfermedad.

Factores de riesgo

  • Tabaquismo: el hábito tabáquico multiplica la probabilidad por 2.
  • Obesidad y vida sedentaria: ciertos estudios indican que, al estar reduciéndose el consumo mundial de tabaco, este pasará a ser el principal factor de riesgo evitable del cáncer de riñón.
  • Hipertensión: se encuentra en estrecha relación con los dos apartados anteriores.
  • Predisposición genética: ciertas personas simplemente son más propensas genéticamente a desarrollar ciertas enfermedades. Sin embargo, evitando los principales hábitos de riesgo la probabilidad sigue siendo muy baja.
  • Enfermedad quística de la diálisis: en pacientes con riñones con funcionalidad nula o mínima que necesitan de la diálisis para sobrevivir a veces se producen quistes. Este hecho también predispone al cáncer renal.
  • Enfermedades renales hereditarias: un ejemplo es la enfermedad de Von Hippel-Lindau, que presentará afecciones de distintos órganos.

Prevención

Observando los principales factores de riesgo, podemos destacar que los 4 primeros son evitables. Es sobre estos donde hay que actuar, pues podemos reducir las posibilidades considerablemente. Por tanto, una buena prevención consistirá en no fumar, llevar una dieta equilibrada y una vida activa, y evitar el daño renal crónico producido por el consumo de ciertas sustancias nefrotóxicas como el alcohol o algunos fármacos.

¿Cómo saber si un tumor de riñón es maligno?

Existen numerosas características típicas de los tumores malignos que los diferencian de los benignos, las cuales serán estudiadas en detalle a la hora del diagnóstico. Algunas son:

  • Forma irregular o asimétrica del tumor y bordes mal definidos.
  • Mayor captación de sangre por la formación de neovasos sanguíneos.
  • Infiltración de tejidos adyacentes.
  • Consistencia dura.
  • Características histológicas particulares (solo observables a microscopio tras toma de biopsia): la principal es la presencia de células malignas.

Estas y más características son las que se tienen en cuenta a la hora de diagnosticar un cáncer, pero para ello es necesario utilizar herramientas de diagnóstico, como:

  • Ecografía: es la prueba fundamental y la que se realizará en primer lugar, pues es rápida, poco costosa y totalmente inocua.
  • TAC con contraste: sirve para confirmar el diagnóstico, debido a su calidad visual. Además, mediante la TAC podemos identificar la infiltración de estructuras adyacentes importantes como la vena cava inferior y la posible diseminación hacia los ganglios cercanos en forma de adenopatías. Para ello se inyecta un contraste intravascular al paciente que permite visualizar los órganos con mayor resolución.
  • PET-TAC: esta prueba se trata de la combinación de dos técnicas. Mediante la PET se logra resaltar (con uso de contraste) las zonas de mayor captación sanguínea (orienta hacia presencia de cáncer), y mediante la TAC ubicamos estas zonas anatómicamente.
  • Resonancia Magnética: es útil para observar la extensión del tumor. Sin embargo, está en desuso.
  • Analítica sanguínea: permite visualizar marcadores generales. No es muy específica pero sí orientativa.

Tipos de tumores
benignos en el riñón

Generalmente estos tumores no conllevan un peligro para la vida del paciente, pero en aquellos casos en los que impida el correcto funcionamiento de las estructuras adyacentes o bien produzca dolor al paciente, estará indicada su resección quirúrgica. Los principales son:

Angiomiolipoma renal:

Es el más frecuente y se compone básicamente de grasa.

Quistes:

Cabe destacar que estos no son neoplasias como tal, es decir, no consisten en una proliferación de células, sino a una acumulación de líquido revestida por una cápsula.

Suelen ser múltiples y pueden aparecer por diversas causas como la práctica de diálisis, enfermedades genéticas…

Tipos de
cáncer de riñón

Los clasificaremos según su tipo histológico, es decir, la estirpe celular que prolifera para formar el tumor. Destacamos:

  • Adenocarcinoma renal: se origina en las células epiteliales y corresponde al 85% de los tumores malignos de riñón. A su vez, hay distintos subtipos:

       –  De células claras (80-90%).

       –  Papilar (10-15%)

       – Cromófobo (5%)

       – De túbulos colectores (1%)

        -Nefroblastoma: es típico de niños menores de 4 años. Su tasa de curación es muy elevada.

Tratamiento del
cáncer de riñón

El tratamiento dependerá del estadío en el que se encuentre el tumor, el cual depende del tamaño e infiltración de tejidos adyacentes, la afectación de ganglios y la presencia de metástasis. De esta forma, podemos destacar:

  • Cirugía: es el tratamiento principal con objetivo curativo. Puede ser nefrectomía radical (extirpación del riñón completo) o parcial (solo la parte afectada). A criterio del cirujano se puede hacer también linfadenectomía regional (extracción de ganglios).
  • Tratamiento sistémico: se suele dejar para estadíos más avanzados, y se dará siempre que haya metástasis. Dentro de este se incluye la quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia, antiangiogénicos… La forma de combinación de estos quedará en manos del paciente con la debida información por parte del médico.

 

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